Psicoterapia infanto-juvenil con enfoque en apego y trauma, asesoría online para padres y consultoría para colegios, desde Castro, Chile.
Cada espacio está pensado para una etapa distinta del proceso: el niño o adolescente, la familia que lo sostiene, y la escuela donde pasa gran parte de su día.
Terapia de juego con enfoque relacional, basada en apego y modelo informado en trauma.
Un espacio de consulta para pensar juntos lo que está pasando: salud mental, hitos del desarrollo o estrategias de crianza.
Trabajo con escuelas y equipos docentes en bienestar docente, convivencia escolar y desarrollo socioemocional.
"El juego, como los sueños, cumple la función de autorrevelación y comunicación en un nivel profundo."
— D. W. Winnicott
El nombre proviene de las cuatro categorías de juego que describió el sociólogo Roger Caillois: agon, mimicry, alea e ilinx. Cada una representa una forma distinta en que niñas, niños y adolescentes exploran el mundo y se expresan a través del juego.
El juego como competencia y superación: poner a prueba habilidades, enfrentar un reto y aprender a ganar y a perder con acompañamiento.
El juego simbólico, el "como si": representar personajes, ensayar situaciones de la vida real y dar forma al mundo interno a través de roles.
El juego como sorpresa e incertidumbre: aprender a soltar el control y tolerar lo impredecible en un espacio seguro y contenido.
El juego corporal y el movimiento: la sensación física como vía de regulación, descarga y conexión con el propio cuerpo.
Mi forma de trabajar se sostiene en tres pilares. El juego, en sus distintas formas, es el lenguaje natural de la infancia: a través de él, niñas, niños y adolescentes procesan experiencias, ensayan soluciones y comunican lo que todavía no tienen palabras para decir. El psicólogo Peter Gray ha mostrado que el juego libre —el que surge de la propia iniciativa del niño, sin reglas impuestas desde afuera— es esencial para el desarrollo emocional, social y para la capacidad de manejar la ansiedad; por eso cuido que la sesión sea un espacio dirigido por quien juega, no por una agenda externa.
El vínculo es la base desde la que ese juego se vuelve terapéutico: una relación segura, sostenida en el tiempo, permite explorar lo que duele sin la urgencia de resolverlo de inmediato. Y la presencia —estar atento, en el cuerpo y en el momento presente— es lo que hace posible acompañar las crisis y transiciones del desarrollo desde la calma, en lugar de la prisa adultocéntrica que muchas veces rodea a la infancia.
Desde que era un niño, siempre estuve muy atento a lo que los adultos esperaban de mí; me esforcé mucho por ser el "niño bueno" y obediente. Durante mi etapa escolar y mientras estudiaba psicología, encontré en el movimiento scout un espacio vital donde fui dirigente y aprendí a valorar la camaradería, el respeto por la naturaleza y, por sobre todo, descubrí mi gran pasión: el juego.
Con la convicción de que mi misión estaba relacionada con la infancia y la juventud, me especialicé en psicología educacional. Mi objetivo era apoyar a los colegios a poner lo socioafectivo en el centro. Sin embargo, mientras más me adentraba en el sistema, más me chocaba su naturaleza competitiva, apresurada y adultocéntrica. De esa etapa en instituciones me llevo el aprendizaje más valioso: aprender a observar, escuchar y acompañar a los niños, niñas y adolescentes, y también a desconfiar de las exigencias rígidas para empezar a escuchar mi propia voz.
Este proceso hizo que mi transición hacia la psicología clínica fuera un camino muy orgánico. Hoy tengo mi consulta en Castro. Mi enfoque se basa en la teoría del apego y el modelo informado en trauma: a través del juego, construimos un espacio seguro y un vínculo de confianza para acompañar a mis pacientes (incluyendo a quienes están en el espectro autista) y a sus familias en las crisis y transiciones propias del desarrollo.
En lo personal, hace casi 4 años soy padre de un niño al que no engendré, pero que llegó a mi vida sin esperarlo para convertirse en un tremendo maestro. Él y sus dos hermanas son mi mayor espacio de aprendizaje y amor incondicional; gracias a ellos he podido contemplar mi propia niñez, entender el costo de ser tan obediente y comenzar a desarmar muchas de las creencias que constituían mi identidad.
Estoy aquí para ofrecerles un espacio donde sus hijos puedan ser escuchados, validados y acompañados desde el respeto y el afecto.
¿Conversamos?
Escribir a FelipeAlgunos relatos de quienes han pasado por un proceso terapéutico, de asesoría o de consultoría con AMAI.
Se preocupa por sus pacientes y genera un vínculo genuino. A mi hija le encanta ir a "jugar", pero en realidad ha sido mucho más que juego, ha sido presencia absoluta y mirada amorosa.
Llegamos a Felipe luego de probar con otros profesionales que no lograban conectar con las necesidades de mi hijo de 7 años, diagnosticado con TDAH. Desde el inicio, su enfoque lúdico y consciente marcó la diferencia... también nos incluye activamente a ambos padres, guiándonos con empatía y herramientas concretas.
Siempre ha sido muy cordial, preocupado y dedicado, muy agradecido de su trabajo.
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